UNA REFLEXIÓN BIOLÓGICA SOBRE

EL SÍNDROME DE FATIGA CRÓNICA Y LA MUJER

(Derechos reservados, propiedad intelectual de Nuria Lorite)

«Desde hace más de dos décadas las consultas por fatiga crónica y fibromialgia han ido en aumento entre la población, principalmente femenina. El hoy día denominado Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) tuvo anteriormente otras denominaciones relacionadas con el hecho de que parecían producirse siempre con posterioridad a una infección viral, infección gripal o pseudogripal, que no terminaba de aliviarse y seguía produciendo ciertos síntomas, como si no se hubiera curado del todo, por eso se llamó Síndrome de Fatiga Crónica Postviral, o simplemente Síndrome Postviral.

 

Otras denominaciones fueron Síndrome de Fatiga Crónica e Inmunodeficiencia, que no parecía muy adecuada en tiempos de SIDA, y Encefalomielitis Miálgica. Ésta última fue bastante aceptada puesto que destacaba uno de los aspectos más frecuentes de esta situación, el dolor, sin embargo su nombre ha dado más de un susto pues las siglas en inglés para la afección son M.E. y erróneamente mucha gente pensaba que era esclerosis múltiple, que si bien ni siquiera coincidiría con las siglas en ingles (MS) así, de pronto, asustaba y confundía.

 

En este artículo me gustaría proponer una reflexión sobre dicha afección y presentarla, simplemente, desde la perspectiva de la medicina o terapia biológica. Considerar al ser humano como un Todo es la premisa esencial. Mediante distintos sistemas de valoración intentamos buscar dónde está el desequilibrio, cómo se está manifestando y cuál puede ser su origen. A la búsqueda de manifestaciones y del origen, indagamos en todos los aspectos de la persona, en lo físico y en lo mental y emocional. Las ideas preconcebidas de cómo debe ser la vida, los acontecimientos y experiencias vividas, las relaciones, en definitiva con el entorno, son una fuente de continuos intercambios de información, de energía y de materia. Como entidad biológica estamos efectivamente en contacto con un medio, que podemos considerar a mayor o menor distancia de nosotros mismos: nuestra familia, el entorno de trabajo, de relación social, la vecindad, el pueblo o la ciudad donde vivimos, el país, las estructuras supranacionales… ¿Quién niega que ver las noticias en la televisión puede encogerle el corazón o amargarle el día?

 

Del entorno nos llegan impresiones, sensaciones, información… que interfieren con nosotros, y en consecuencia desencadenamos respuestas, de tristeza, rabia, frustración, alegría, preocupación, nos ponemos en marcha y tomamos decisiones o nos quedamos paralizados de miedo. Todo este intercambio es parte del proceso de aprendizaje que debemos aprovechar ya que estamos aquí sobre esta Tierra.

 

La incapacidad para dar una respuesta adecuada o acertada, sea con una acción, una palabra o una disposición de ánimo, puede deberse a que no estamos aún preparados: o no hemos aprendido cómo hacerlo, o no se nos ha enseñado, o porque aunque hemos pasado muchas veces por lo mismo, no terminamos de aprender. Y la vida nos trae una y otra vez lo mismo, hasta que lo superamos. También puede ocurrir que no se responda o reaccione adecuadamente por miedo, porque no es el momento oportuno, o por bloqueos, presiones o manipulaciones. En fin, existen diversas posibilidades, numerosísimas, tanto de interacción con el entorno como de respuesta, que escapan a la amplitud de este artículo. Pero como idea principal quisiera dejar el hecho del continuo intercambio en el que nos movemos aunque no seamos conscientes. Esto último es primordial: la consciencia, tomar consciencia de cada una de las cosas que hacemos o pensamos o sentimos. Un viejo aforismo dice: “La energía sigue al pensamiento”.

 

Estas fluctuaciones e intercambio de materia y energía se mantienen también en nosotros mismos. Nos parece más comprensible entender que cada sistema de nuestro cuerpo está relacionado con otro pues trabajan de forma concatenada, mejor, simultánea, con el fin de mantener el equilibrio orgánico. El equilibrio orgánico no es estático, es dinámico. Un continuo cambio y movimiento que asegura la vida. Miles de millones de reacciones bioquímicas, pequeños intercambios de materia y de información, de energía en definitiva, se producen en nuestro ser para poder seguir vivos. Los sistemas orgánicos están relacionados entre sí, los órganos que componen cada sistema también, las células que componen cada órgano igualmente necesitan estar relacionadas para mantener el equilibrio. E incluso la vida celular es un reflejo de la vida de un ser humano. La célula se relaciona con su entorno igual que cada uno de nosotros con nuestro ambiente y nuestro mundo. La organización del sistema biológico que somos es un reflejo de la organización de otros tipos de comunidades humanas. Esto lo explicó Paracelso en el siglo XVI con las palabras que ya de siempre se conocían: “Somos un microcosmos dentro de un macrocosmos”. Pero hay multitud de microcosmos que a su vez son macrocosmos de otros cosmos más diminutos. La Tierra es una entidad viva inmersa en un cosmos mayor. La célula es un pequeño cosmos en un inmenso cosmos que es el ser humano (cuerpo-mente-espíritu). Los sistemas y orgánulos celulares responden a las mismas leyes de organización. La estructura molecular, atómica y subatómica, exactamente igual. Un sistema atómico tiene la misma estructura que un sistema planetario. El orden de distancias entre un electrón girando alrededor de un núcleo es semejante al de un planeta girando alrededor de su estrella central.

 

Por no extenderme más en estas ideas, casi es mejor dejar claro que en definitiva, debemos considerarnos como un Todo compuesto de multitud de partes totalmente interrelacionadas, pequeños “Todos” a su vez. Y aquí radica la complejidad y la maravilla de la visión del SFC o la fibromialgia desde la medicina. En honor a la verdad, debo hacer la salvedad de que no todos los profesionales de la salud que trabajan en las medicinas naturales, alternativas o no convencionales, hacen realmente una medicina biológica integral, pues lo esencial es la manera de abordar cada caso y de entender la energofisiopatología.

 

Una medicina tan antigua como la Medicina Tradicional China (MTC) no describe en sus textos clásicos y de consulta esta afección puesto que allí en China es una situación relativamente nueva, no hay casi incidencia; ahora, en los últimos años están empezando a tener algunos casos, curiosamente, a medida que se occidentalizan. La visión desde la MTC de la fatiga crónica y la fibromialgia se ha desarrollado sobre todo en los países occidentales por profesionales que saben entender una afección sea nueva o antigua, según la MTC. Menciono esta disciplina pues en mi opinión, es la que mejor explica la génesis del SFC en todas sus versiones y manifestaciones. (Con el paso de los años las relaciones del SFC con afeccioes crónicas, degenerativas, autoinmunes, etc. queda patente y es una parte central de mi trabajo y conferencia por todo el mundo. Nota de la autora, 2017)

 

Lo que nadie cuestiona es que la gran mayoría de las personas que padecen SFC / Fibromialgia son mujeres, pero no exclusivamente, y hay ciertos indicios de que está empezado a afectar a niños, lo cual es bastante llamativo y preocupante.

 

Las sensaciones asociadas al SFC en las mujeres

 

En el trabajo diario, las sensaciones que me cuentan las personas al respecto de esta afección tienen un denominador común: la fatiga o cansancio crónico.

 

  • - Estoy cansada, es lo que más pronuncio últimamente.

  • - Me levanto cansada.

  • - Estoy siempre cansada.

  • - Me doy rabia por decirlo tanto, pero es como me siento, estoy cansada.

  • - Me digo a mí misma “no lo voy a decir”. pero es el primer pensamiento y la primera sensación que tengo cada día.

  • - No lo quiero pensar, pero es lo que hay, no puedo con mi alma.

  • - Ya no sé qué hacer ni qué pensar, no sé qué me pasa.

 

Estas son algunas de las frases que comentan, como digo, ante la situación bastante desesperada en algunos casos de ver cómo cada día va a ser una batalla contra el cansancio y el dolor. Hasta hace unos 3 años, la mayoría venía sin saber qué le ocurría, últimamente hay mucha más información, quizá en ocasiones desvirtuada, y existe la red, con lo que muchas mujeres se “auto-etiquetan”. Las quejas principales suelen ser fatiga intensa, poca concentración, poca memoria, sensación de ser incapaz para realizar las tareas diarias, cefaleas constantes, dolores corporales en la espalda, en las piernas, en las caderas, etc., que algunas veces eran tan intensos que difícilmente pueden moverse o levantarse por las mañanas, incluso hasta llegar a necesitar una silla de ruedas para cortos desplazamientos. También se quejan de depresión y de una pérdida de energía en general para actividades o trabajos mentales / intelectuales, alergias y otros problemas de diversa índole.

 

 

¿Existe una tipología o manera de ser o terreno propicio para padecer SFC?

 

Parece que sí...»

 

 

 

Profa. Dra. Nuria Lorite Ayán

Dra. en Farmacia y en Natural Medicine. (Ph.D)

Lda. en Medicina Tradicional China

Fundadora y Directora de Biloba®

www.biloba.es  

nurialoriteayan@gmail.com,

skype: nurianandati

 

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